- Magdalenas... no. Galletas... no. Una manzana... no. Unos bombones de licor... mmmm... mejor que no, todavía no es mediodía...
Ante la duda decidió acercarse al ordenador de uno de sus amos. Con destreza tecleó la dirección de la página de referencia para gatos ciegos: Wikifelia. Porque sí, la gatita de pelo largo, blanco y suave era ciega.
Gracias al sistema de voz integrado en la página accedió al apartado de "Alimentos gatunos". Y allí se quedó, horas y horas, aprendiendo todo sobre dietas, propiedades nutritivas, recetas gatunas y muchas curiosidades alimentícias.
En el reloj sonaron las 3 de la tarde y la puerta al final del pasillo de abrió.
- Mierda, ya están aquí... mierda, dónde está la tecla de ESC... ¡mierda! - la gatita salió corriendo hacia el sofá y en un movimiento delicado se acurrucó haciéndose la dormida. Una mano suave le acarició la cabeza y ella interpretó un bostezo digno de Oscar.
Su amo entró en la cocina a por algo de comer y ella corrió a sus piés. Bajo el insistente ronroneo, le acercó un trozo de magdalena. Pero ella lo rechazó. Lo que quería era una hoja de lechuga. Viendo que la gatita no quería dulces, su amo le dió un poco de queso. Pero nada. Algo de jamón. Tampoco. Un trozo de pollo del día anterior. No, ni hablar. Así hasta que su amo, desesperado, le preguntó qué quería.
- Lechuga - respondió la gatita con media sonrisa.
- ¿Lechuga? ¿Para qué quieres lechuga? - respondió su amo atónito.
- La lechuga tiene muy poco valor nutritivo y un alto contenido de agua. Es rica en antioxidantes y contiene vitaminas como la A, C, E o K, y minerales como el fósforo, calcio o potasio. Y es en las hojas exteriores más verdes donde se concentra mayor cantidad de hierro. Así que, porfavor, alcánzame una de ellas.
Tras un minuto, y sin mediar palabra, su amo le lavó una hoja y se la colocó bajo su nariz.
- Muy amable, gracias - contestó la gatita de pelo largo, blanco y suave.
Blanca
Putxet


